Si estás intentando bajar de peso y quieres saber si el camino que has elegido te llevará a conseguirlo, solo tienes que hacerte una pregunta muy simple. Una pregunta que puede ahorrarte una cantidad enorme de frustración en el futuro.
Las estadísticas nos muestran una realidad contundente: 6 de cada 7 personas que se proponen perder peso lo consiguen. Sin embargo, de todas esas personas que logran bajarlo, casi ninguna consigue mantener el resultado a largo plazo.
Esto nos demuestra que el verdadero problema no es la pérdida de peso en sí, sino mantener el peso que has conseguido previamente.
En mi experiencia, la mayoría de las personas confunden lo que significa que un método funcione o no funcione. Solemos pensar que si una estrategia nos ha hecho perder peso, entonces ha sido exitosa. Pero la realidad es otra: si ese método no te ha servido para mantenerte en tu nuevo peso, en realidad no ha funcionado. El enfoque tradicional está equivocado. Para tener un plan que dé resultados reales, no necesitas un plan para bajar de peso rápido; lo que necesitas es una estrategia de alimentación que puedas mantener día a día durante el resto de tu vida.
La Pregunta del Millón para Evaluar tu Estrategia
¿Cómo puedes saber si tu plan actual va a funcionar? La respuesta es tan sencilla como proyectarte en el futuro y preguntarte de forma honesta: ¿Podré seguir manteniendo esto que estoy haciendo durante todo un año?
Si la respuesta es un no, ya tienes la certeza de que tu estrategia va a fracasar. Es muy probable que pierdas peso durante el tiempo que logres sostener el esfuerzo, pero si no te ves capaz de mantenerlo en el medio plazo, no te servirá de nada.
A lo largo de los años he presenciado cómo este error se repite constantemente. Recuerdo dos casos muy claros que ilustran a la perfección este autoengaño.
El caso de Harrison: El mito de la dieta milagrosa
En 2015, cuando vivía en Irlanda, compartía casa con un chico australiano llamado Harrison. Cuando llegó al país no estaba gordo, pero comía francamente mal y a los pocos meses empezó a ganar mucho peso. Al hablar con él, me confesó que no le preocupaba en absoluto porque en cualquier momento haría una dieta cetogénica y perdería todo el peso, argumentando que ya lo había hecho antes más veces.
En ese momento vi muy claramente la diferencia entre funcionar y no funcionar porque si esa dieta realmente le hubiera funcionado, no habría vuelto a engordar después. Él estaba convencido de que la dieta cetogénica era efectiva porque le permitía perder peso de golpe, pero el resultado real a largo plazo fue que recuperaba lo perdido y sumaba unos cuantos kilos más. Años después, su estado físico evidenciaba que aquellas estrategias restrictivas solo le habían llevado a una obesidad aún mayor. Lo que te sirve para perder peso hoy de forma agresiva, no es necesariamente lo que te ayuda a solucionar el problema.
El esfuerzo desproporcionado: Perder peso implica mucho sufrimiento
Hace tan solo unos días, conversando con una conocida que padece una obesidad fuerte, volví a detectar este patrón. Ella ha intentado prácticamente de todo para perder peso, logrando bajar muchas veces pero recuperándolo siempre con intereses. Se mostraba decepcionada porque, tras llevar «toda la semana a dieta», solo había perdido medio kilo.
Con el peso que tiene actualmente, lo normal sería perder más volumen al principio, es cierto. Sin embargo, la forma en que lo decía evidenciaba el problema real: el nivel de sacrificio que estaba realizando era tan alto que no iba a ser capaz de aguantarlo mucho tiempo. De hecho, al llegar el fin de semana ya se saltó la pauta bajo la clásica justificación de «es fin de semana, me lo merezco».
El elefante en la habitación no es si estás perdiendo poco o mucho peso en siete días; la clave absoluta es cuánto tiempo podrás extender ese comportamiento. Si la respuesta es poco tiempo, ten por seguro que no va a funcionar.
Por Qué Nadie Debería Imponerte su Forma de Comer
Mi enfoque con la alimentación no se basa en buscar la dieta más perfecta del mundo. Una dieta perfecta que solo eres capaz de seguir durante unas semanas o unos meses no sirve para nada. El objetivo real es consolidar una forma de alimentarte que te dure años y, potencialmente, toda la vida.
Para que esto suceda, existe una condición indispensable: nadie puede imponerte su forma de comer.
Si un profesional te impone una lista cerrada con lo que debes comer minuciosamente por ser lo más sano, puede que la teoría sea correcta, pero si te horroriza y no la cumples, no tiene ninguna utilidad. La única manera de que nadie te imponga un menú es involucrarte directamente en el diseño de tu plan de alimentación.
Cuando eres tú quien diseña el plan atendiendo a una estructura y a un esqueleto correcto para perder peso, pero escogiendo los alimentos que a ti te gustan, el panorama cambia por completo. Es infinitamente más fácil mantenerlo en el tiempo porque estás comiendo lo que tú quieres. Para que un plan funcione necesitas tiempo, y para ganar tiempo necesitas disfrutar de lo que comes.
La trampa del castigo psicológico en las dietas
Hace poco vi un vídeo en youtube de Will Tennyson donde probaba la alimentación de una de las supermodelos más top de Victoria’s Secret. Ella explicaba que su mentalidad antes se basaba en una regla muy destructiva: si lo que estaba comiendo sabía bueno, es que estaba mal. Había asociado por completo el placer de comer con algo negativo.
Nadie puede vivir así a largo plazo. Si una supermodelo con metas profesionales tan competitivas sufre con ese enfoque, imagina el impacto en una persona común que solo busca mejorar su salud o bajar un poco de peso. Cuando empiezas a «hacer dieta» comiendo alimentos que te horrorizan, te colocas en una posición de urgencia: como el proceso es un sufrimiento, necesitas perder la máxima cantidad de peso rápido porque sabes perfectamente que esa tortura tiene una fecha de caducidad cercana.
Por eso a esta mujer que conozco le parecía poco perder medio kilo en una semana. El esfuerzo y el hambre voraz que estaba pasando eran totalmente desproporcionados para el resultado obtenido. Sin embargo, si diseñas tu alimentación bajo unas reglas básicas pero eligiendo lo que disfrutas, perder medio kilo a la semana se convierte en una noticia excelente. Como mantener ese plan apenas te cuesta energía ni sacrificio, el tiempo deja de ser una barrera y se transforma en tu mayor aliado.
Diseña tu Propia Estrategia Sostenible
Para solucionar este conflicto y permitir que cualquier persona sea parte activa de su nutrición, he desarrollado el Planificador Nutricional. Se trata de una herramienta diseñada para que puedas estructurar tu propia dieta atendiendo a los alimentos que más te gusta comer, permitiéndote evaluar de manera objetiva cómo de saludable es tu planteamiento.
Es muy probable que al principio tu diseño tenga margen de mejora, pero la calidad de la alimentación es algo que se pule con los meses. Lo verdaderamente crucial es que entiendas que la responsabilidad de mejorar está en tu mano, no en la de un preparador ni en la de ningún nutricionista.
Recuerda que la única forma de que tu plan para perder peso funcione es que puedas mantenerlo el año que viene. No te dejes seducir por los métodos más rápidos o restrictivos; aunque te hagan perder peso a corto plazo, la estadística demuestra que, irónicamente, NO funcionan.
